
Sigo la secuencia de posteos de cómo fue viajar con nuestro hijo, de acuerdo a las diferentes etapas de su crecimiento, y la evolución en su carácter, gustos, y paciencia para determinados momentos. En esta ocasión, cómo es viajar con un niño de 4 años. A decir verdad… 4 años y medio (a tan corta edad los meses cuentan!).
En niños pequeños sentirse seguros en todo momento es muy importante, y el hecho de estar cambiando constantemente de lugar de alojamiento, me refiero a la combinación de destinos, puede resultar en un desafío. A nosotros siempre nos gustó mezclar dintintas ciudades en un mismo viaje, por lo que nuestras vacaciones de verano 2025 podrían haber tenido sus complicaciones. Si leen el itinerario verán que tuvo más de una combinación.
Volar con un niño de 4 años
Para los vuelos, sobre todo los de ida y vuelta, que son los más largos (además hubo uno de conexión de 1:30 horas), tuvo un mejor comportamiento, me refiero a algo más de tolerancia en momentos de espera en el aeropuerto, y al tiempo previo a dormirse en el avión.
Hay que aclarar que hubo atenuantes…. importantes. En Ezeiza justo en frente a nuestra puerta de embarque teníamos una pequeña plaza infantil, con toboganes y espacio para que corrar un poco (y suban todos transpirados al avión…).
Luego, y en contra de nuestra voluntad, hubo uso de celular. Ya lo he aclarado anteriormente, pero no solemos usar el teléfono para que él se entretenga, pero alguna vez la pediatra nos dijo «usen la tecnología a favor de ustedes», es decir, no omnipresencia del celular, pero sí en momentos realmente necesarios. Por el contrario una oftalmóloga nos dijo «NADA de pantallas móviles hasta los 5 años». Entonces, haciendo equilibrio entre esas posturas, durante el año no lo usamos, y lo guardamos para ciertas situaciones en los viajes.
Esta vez, a diferencia de años anteriores, hubo poco Youtube y más juegos. Algunos en línea, es decir sin descargar una app, y también hubo algunos que sí se descargó, y aprendió que eso es posible… y que un juego luego le propone bajar otro. Tuvimos que ir controlando eso.
Volviendo al vuelo, a la ida fuimos bendecidos por la suerte, ya que además de nosotros 3, ibamos con mis suegros. Estábamos en la fila central de 4 butacas, y además uno tenía 1 butaca en la fila de atrás. Esa butaca tenía la de al lado vacía, por lo que uno de los que iba adelante, se pasó a la de atrás, y Tomás disfrutó de 2 butacas para dormir horizontal y cómodo.

El tramo de regreso, tenía hora de salida a las 17:00 y era un desafío que no sea totalmente nocturno, pero evitamos que ese día haga siesta, para que en el avión se durmiera ni bien terminara la cena, y así resultó. Nos habíamos preparado algún juego nuevo para la primera parte hasta estirar hasta la cena.
Como viajamos en una hilera de 3 butacas, él nuevamente se durmió horizontal, y a pesar de que le expliqué que lo más cómodo para todos era que sus pies fueran sobre el regazo de uno de nosotros, luego en la práctica no lo hizo, y apoyó la cabeza. Así y todo durmió bastante. También hubo buena tolerancia de su parte cuando nos prendieron las luces para «el desayuno» como a las 2:30 horas de Argentina, ya que aterrizábamos cerca de las 4:00 AM.
Viajar en crucero con niño de 4 años
Se podría decir que esta fue la parte más sencilla, ya que se supone que hay buen entretenimiento arriba del barco. Y si bien conté en este post cómo fue la experiencia general, y que para nosotros faltaban algunas opciones para los más chicos, fue más una sensación de los adultos que de él. Disfrutó mucho el crucero, y no extrañó ver Youtube (en el barco sólo había algunos canales de TV en inglés).
Sí de nuevo hubo uso de celular, sobre todo en momentos de las comidas, donde a veces hay que esperar, ya sea en el restaurant a la carta, o que elijamos y traigamos algo del buffet. Si bien podría pensarse que no es demasiado el tiempo allí, hay que decir que son vacaciones para todos, y a veces los adultos también necesitamos un respiro, y que esto no pasa en la rutina durante el año.
Estadía en el hotel y los paseos con un niño de 4 años
Bueno, no hay mucho que aclarar acá, ya que esto se asemejaría más a una vida habitual. Los temores tal vez al viajar con niños pequeños lejos de casa, se restringen más al viaje en avión, a los espacios públicos, y a vivir experiencias completamente nuevas como lo fue el crucero.
Sí hay que destacar que suma muchísimo estar en hoteles o alojamientos que ofrezcan algo de entretenimiento, como puede ser una plaza de juegos, o una pileta, o simplemente algo de espacio donde correr e inventar algún juego. Nosotros por ejemplo en este departamento alquilado en Miami, tuvimos gran parte de una tarde saltando los topes de cemento para las ruedas delanteras de los autos en el estacionamiento. Algo tan simple, pero que a Tomás le encanta.

Sí le pasa que no tiene mucha tolerancia para salir a pasear lejos con el auto. Es como un tiempo muerto, donde no se puede hacer nada allí. Es decir, lo hacemos, pero si uno duda mucho, se pone firme en que no quiere salir con el auto.
En los últimos días, en ese departamento que contaba, conocimos un aliado tan valioso como el oro: el juego de cartas UNO, que estaba allí para uso de los huéspedes. Nunca lo habíamos jugado, pero leí las simples reglas, se las enseñé a Tomás… y fue fascinación por varios días, al punto que no quería salir para no dejar de jugar, pero lo interesante fue explicarle que ese juego se podía trasladar a cualquier ámbito, por lo que nos acompañó a todos lados esos días. De paso, antes de volver pasamos por un Walmart y encontramos una edición de Mario Bros que nos trajimos a casa.
Por supuesto, todo esto que cuento, como todo lo que está en la sección «Viajar con niños» es a partir de nuestra experiencia, y del carácter y gustos de nuestro hijo. Todo es subjetivo, no se puede generalizar a todos los niños en esa edad, pero podría ser una referencia para algunos.



