
En el itinerario de nuestro viaje a Europa, la estrella era el crucero que luego haríamos desde Nápoles. Entonces para llegar allí la mejor opción era volar desde Ezeiza a Roma, y luego un tren rápido entre ambas ciudades.
Y como para cualquier crucero, se recomienda no llegar al destino inicial el mismo día del embarque, por cualquier eventualidad, en nuestra organización, decidimos quedarnos en Roma la noche previa.
Para llegar a Nápoles tendríamos tiempo de sobra con el tren. Así es como tuvimos 20 horas en la capital italiana.
Claro que no se lo recomendaría a nadie que no conozca Roma, ya que está claro… es una ciudad que merece la pena una visita de algunos días. Pero como nosotros ya habíamos estado allí unos 10 años antes, solo nos interesaba tener algunas fotos para el recuerdo, esta vez con nuestro hijo.
Los imprescindibles de Roma
Como conté, nuestro hotel en Roma estaba a 50 metros de la Fontana di Trevi. Contábamos con ventaja para empezar fácil. Arrancamos saliendo desde el hotel como a las 18:00.

Caminamos esos pocos pasos hasta la Fontana di Trevi. Y llegamos al tumulto infernal de turistas. La conocimos, y lo digo así, porque la vez anterior solo vimos una tapia, ya que justo la estaban restaurando. Así que tuvimos nuestra revancha.
Sacamos algunas fotos, y seguimos rápidamente, porque no se puede apreciar mucho la verdad entre tanta gente. Seguimos caminado por la zona. Cruzamos algunas fruterías ambulantes…

A esa hora el cambio de horario se empezaba a hacer sentir. Teníamos ganas de un almuerzo, que en realidad ya era una cena. Así que nos topamos con la Galleria Alberto Sordi, y vimos con buenos ojos los restaurantes que tenía dentro.
Terminamos alrededor de las 20:00 y nos planteamos si ir a ver el Coliseo de noche. Teníamos alguna duda, basada en si era seguro llevar a Tomi a esa hora allí, de cómo ir, ya que el metro nos quedaba lejos.
Pero la duda fue corta y nos dijimos “hay que hacerlo”. La idea de ver el Coliseo de noche iluminado nos gustaba, y tener una foto familiar allí era soñado.
Busqué en Google Maps el camino con transporte público, y la mejor opción era el bus 51 o el 85, que pasaba muy cerca de donde estábamos.
Pero en ese momento no habíamos averiguado sobre cómo pagar los tickets de bus y donde. Nos paramos sobre la vereda, donde pasaban muchas líneas, y miramos que hacía la gente. Ellos tan solo apoyaban una tarjeta con NCF y pagaban, como era de suponerse.
Pero… una tarjeta especial de transporte como existe en muchas ciudades? Empecé a hacer una búsqueda rápida en internet, y algo llegué a leer pero, en ese momento apareció el bus y decidimos subir, e improvisar. Si no podíamos pagar, nos bajaríamos.
Así fue que acercamos la tarjeta de crédito… y listo!! Tickets pagados. Seguimos el camino por el mapa, y en no más de 10 minutos estábamos frente a esa imponente construcción.
El ambiente era muy relajado, había mucha gente aún, como nosotros, sacando fotos nocturnas.

Estuvimos algunos minutos, Tomi preguntó algunas cosas, dijo que al otro día quería entrar… Asi que el resultado fue positivo. Pudimos inmortalizar esa pequeña hazaña familiar con algunas fotos.
Al rato cruzamos la calle y volvimos a tomar el colectivo, que nos trajo aún más rápido a la zona del hotel. Pero antes de entrar… una foto más a la Fontana que aún tenía buena cantidad de gente…

Y alrededor de las 23:00 intentábamos volver a cerrar los ojos.
Nuestras 20:00 en Roma terminaron con nosotros quedándonos dormidos, dejando la habitación pasado el horario de check out. Pero no hubo problema.
No había mucho tiempo más para hacer más visitas, pero si decidimos caminar con las valijas hasta la estación Barberini del Metro, y vivir también esa experiencia.

Ya le habíamos contado a Tomi del “uscita lato destro/siniestro” que permanentemente dice el altavoz del metro, que fue motivo de sonrisas al escucharlo.
Bajamos en Roma Termini y nos fuimos a la estación de trenes rumbo a Nápoles.



